Dímelo
Los fantasmas no existen, dímelo otra vez.
Sólo son niños que crecieron demasiado rápido en el invierno de la esperanza
juventud marchita antes de su florecimiento.
Dímelo otra vez.
Sólo son huellas de miedo
en el viento del olvido
espejos sin cristal reflejando la nada
recuerdos despojados de imágenes
en la memoria inasible
proyeccion de heridas en el telón del alma callada
sensación arrebatada de su nombre en el laberinto del pecho.
Dímelo otra vez.
No existen los fantasmas, ¿verdad?