Tengo que aceptar,
y de buena gana,
que a veces soy
un desastre completo.
Una de esas tormentas
que desordenan el barrio,
vuelan techos
y apagan luces en las aceras.
Pero vos decime
si no te has dado cuenta luego,
de la tranquilidad que queda
justo ahí, en las calles mudas.
Ese instante limpio
donde ya nadie corre
y todos quietos contemplan
su propio reflejo.
Sé que a veces parezco
un sol de estos temporales nuestros.
Que tiene esa forma de mi tristeza
y esa costumbre de asomarse
cuando yo menos espero.
O mejor dicho,
cuando más te recuerdo.
Por eso,
si en medio de este desastre
te encuentro afuera,
así, despeinada y con tu mirada firme,
esa que sabe callar mis palabras,
eso, amor,
es lo más parecido
que conozco
a un solitario
rayo de sol.