Luz de la tarde, mar en calma, en la Playa de los Locos, Cantabria, España.
Habitable.
Por ser certeza de que la vida atraviesa cuando pesa,
luz en la sombra,
claridad entre la niebla.
Fuerza universal, latente en cada latido; calma después de la tormenta.
Por ser casa y abrigo,
refugio, ciudad y cuerpo.
Presencia que se vive, se siente y sostiene;
deseo que se hace cuerpo cuando es habitado.
Y como el amor de una madre, presente en cada instante que respira…
El amor es eterno y, por ello, habitable.