Emma Gissel Gandara

Tormento de Ojos Verdes

​¿Por qué siempre soy el andamio y nunca el destino?
​¿Por qué el destino siempre me llega a destiempo?
Con el andar de los años me he topado
con brazos que no se atreven a abrigarme.
No es que mendigue un lugar en sus vidas,
pero es amargo habitar siempre en el olvido.
​¿Será que mis brazos resultan tormentosos?
¿O que mis ojos ahuyentan con su verde intenso?
¿Será que mis labios solo son el refugio
de placeres fugaces de cinco minutos?
​¿Por qué siempre me quedo con las manos vacías?
¿Será que me entrego tanto hasta borrarme,
diluyendo el valor de lo que merezco?
Y cuando me quedo sin nada que ofrecer,
es ahí que huyen, dejándome herida...
​¿Por qué el amor se vuelve cobarde conmigo?
Si me dice que me ama y me dibuja en su mente,
si se imagina una vida entrelazada a la mía...
Pero llegué tarde, con toda mi complejidad a cuestas,
cuando otra alma ya habitaba su espacio y su rutina.
Qué ironía tan cruel es saberme tormento y deseo,
mientras él, cada mañana, prefiere la calma de allá.
​Tal vez no soy para nadie en estos tiempos,
y nadie es para mí en este desierto.
Por eso vivo aletargada en las horas,
guardando un amor intenso y prohibido
que hoy se encadena a otros brazos;
mientras yo sigo aquí, menguando las ganas
de verlo, de amarlo... y de abrazarlo