José Antonio Artés

EL ARTE DE HABITAR LOS DIAS

Con los años he aprendido

Que la vida rara vez derriba una puerta,

prefiere abrir una ventana,

dejando que entre el aire poco a poco.

No suele llegar como una tormenta luminosa

capaz de borrar de un instante

los mapas de nuestras rutinas.

 

La vida trabaja de otro modo.

Va dejando pequeñas semillas

en los rincones más discretos del día.

 

Y espera.

 

Espera en la ventana que abrimos cada mañana,

en el aroma del café que asciende lentamente,

recordándonos que cada día

llega vestido de costumbre

y, sin embargo, nunca es el mismo.

 

He descubierto que elegir esos gestos

también es una forma de arte.

Porque no todos los hábitos

merecen una habitación en nuestra casa.

 

Algunos se vuelven sombras,

muebles cubiertos de polvo

que nadie recuerda ya para qué servían.

Otros, en cambio,

encienden una luz tranquila

en mitad de las horas corrientes.

 

Con el tiempo comprendemos

que vivir también consiste en podar.

En desprenderse de aquello que ya no florece,

para que la savia encuentre caminos nuevos.

 

Hábitos elegidos con cariño,

capaces de sostener el alma

cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso.

Porque al final,

la felicidad suele construir su hogar

con materiales modestos:

un paseo,

una lectura,

una llamada,

una mesa compartida,

un instante de gratitud.

 

Y el verdadero arte consiste en reconocerlos,

darles un lugar en nuestra vida

y regresar a ellos cada día,

como quien vuelve al jardín que ha sembrado

y descubre, una mañana cualquiera,

que sin darse cuenta

ha empezado a florecer.

 

José Antonio Artés