te miro desde lejos hermosa, inaccesible,
tan menuda, tan frágil, como tarde callada,
mi deseo es tocarte con suavidad de espuma,
beber del rojo cáliz en tus labios de luna,
sentir tu tacto breve, de mañana de azúcar,
al mirarte tu nombre atraviesa mis ojos,
y trepa por mi cuerpo como una enredadera,
en tu espalda hay dos rastros de iluminada sombra,
y una gota de luz, cuando luz ya no había,
mis dedos la recorren con mis viajeras manos,
te estremeces de aurora y te tiembla la vida,
lo que ocurre después ya no tiene palabras
por que nada define el cruce de dos almas,
enredadas, envueltas, Inmensas, infinitas,