He sufrido hambre mucho tiempo, más de lo que puede soportar un hombre. Vi morir a mi abuelo famélico y a su perro también famélico desenterrar sus huesos y masticarlos hasta el polvo. He sentido el crujir fragoroso de los dientes de la muerte y su bufido alicorado en el pescuezo, alentándome al suicidio.
Aprendí a contar los días por raciones de comida y créanme no han sido muchos. Aunque mi aspecto es el de un hombre no humano, sin pelos, con anemia crónica, con la lengua como un bloque de cemento y las órbitas de los ojos perdidos en algún lejano lugar. Ese lugar podría ser esta línea, que a veces es ancha y a veces parece el ojo indescifrable de una aguja. He estado aquí, contando los días por raciones de comida, pero el reloj ha comenzado a moverse con más agilidad. Quizás este no es el mejor lugar, al menos sé que si muero no habrá un perro que desentierre mis huesos. Mi objetivo es cruzar, y esperar a que la muerte no me reconozca, al menos por ahora.