Ahora comprendo que el amor no avisa cuándo se está yendo.
Se marcha despacio,
como la tarde cuando el sol abandona los tejados
y deja a las calles hablando solas.
Yo creía tenerte para siempre,
como quien da por hecho el café de las mañanas
sin pensar en los días de taza vacía.
[...]
Hoy tu nombre duele.
Duele como volver a una casa vacía
después de haber conocido el calor de aquella.
Porque ya no somos “tú y yo”,
solo dos personas que alguna vez se amaron
y ahora apenas se encuentran en los recuerdos.
Aprendí que hay personas a las que uno sigue queriendo
aunque ya no vuelvan jamás.
O eso me digo para convencerme...
Porque, la verdad, es que te esperaría.
Te esperaría como esperan los puertos al barco perdido.
Porque hay amores que no saben morir del todo.
Se quedan escondidos en el café compartido,
en las noches donde uno mira el techo
esperando escuchar unos pasos que nunca llegan.
Si alguna vez regresas,
no preguntes qué quedó de mí.
Mírame solamente.
Verás en mis ojos
todo lo que nunca tuve el valor de decirte.