No hay nada. Es todo. La indigencia
me abruma, me acostumbro, no la siento;
los ecos de la muerte los presiento;
se me antoja el amor impertinencias…
alejadas, lejanas, extraviadas
en senderos pasados y pisados
en leyendas y en fábulas soñadas,
pero admito que algo es necesario:
Escribir este poema desolado
y sangrar estas letras compungidas
a la fosa impaciente han despojado
de mi carne corrupta y sigo vivo;
y si el polvo reclama el sin sentido,
el soneto dirá lo que no digo.