Cegado dolor.
Silencio mortal.
Delirio a solas.
Palabras que matan en
abismos;
misterios sin voz se dilatan.
Corazón ardiente que callar
ya no sabe y grita
en negros bemoles,
en chirriantes rugidos
que en sin piedades me atrapan.
Muera ya, este pavor doliente
De la ruina del lento vivir
cuajado de heridas
que cae en el arrullo
único e ignorante
y que sin saberlo
¡Siempre aturde!
¡Siempre mata!
(Patricia)
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