Se suspende oficialmente el fuego. Quedan cancelados los relámpagos lentos, los hilos invisibles que amarran las almas y los imanes que flotan en el aire.
Seamos honestos por una vez: el universo no necesita otra rima perfecta, lo que necesita con urgencia es que alguien lave las tazas de café, que pague la cuenta de la luz antes del corte y descubra a dónde se van los calcetines cuando se pierde el par.
El deseo está muy bien en el papel, pero no barre el piso ni saca la basura. Mientras los poetas sufren por amor en los balcones, el ciudadano común y corriente sufre porque el pan amaneció duro y el despertador no tiene piedad a la mañana siguiente.
Así que guardemos las plumas de oro. La única regla de este laberinto es sobrevivir a la rutina, llegar a fin de mes invictos, y prender la estufa cuando hace frío, que para incendios de mentira ya tenemos demasiada literatura.