racsonando

El legado de la cal

El legado de la cal

 

Tengo un legado de cadenas oxidadas.

Y las cargo.

Y las nombro.

Y las llevo.

Crujen como huesos partidos,

mientras los fantasmas

que las habitan

hacen sus rondas cadavéricas.

Sus cráneos vacíos

escupen risotadas

y vagan recordando

los fusiles,

las metrallas

afincadas en los rostros

que el tiempo

no consiguió borrar.

¿Y quién

cargará estas cadenas

cuando mi cabeza

se rinda a la muerte?

Tengo un legado de cadenas oxidadas.

Y las cargo.

Y las nombro.

Y las llevo.

Los niños mudos

las contemplan;

las acarician

con sus manos de jardín.

La tal esperanza

es apenas un capullo

que algún día despertará...

Y de nuevo...

con forma de paloma blanca

se eshibirá

en una urna de cristal

 

Tengo un legado de cadenas oxidadas.

Y las cargo.

Y las nombro.

Y las llevo.

Con su directorio de teléfonos,

sus placas,

sus títulos...

esperando todavía

al médico

que certifique

la muerte de la muerte.

Entonces acudirán

las sombras vecinas.

Como mendigos,

como esqueletos hambrientos,

masticarán

sus mendrugos de pan.

Y, con las barrigas llenas,

marcharán,

marcharán,

en una larga fila

de bocas desdentadas,

hasta volver,

una por una,

a su morada.

¿Y quién

cargará estas cadenas

cuando mi cabeza

se rinda a la muerte?

Allí,

donde el último baño de cal

guardará,

como siempre,

su sueño universal.

 

Racsonando Ando / Oscar Arley noreña Ríos.