El verso no busca
tener la razón
ni la pretendida belleza
ni arquitectónicas formas
ni la limpieza brutal de los espejos.
Busca, mi verso, la deformidad del caos,
los juegos con la sombra,
con la frontera,
con el amor saltando a escasos metros de la debacle.
No busco agradar a la muchedumbre
que ama a los poetas,
busca el subsuelo,
al gusano,
el hombre que es barro
y será estiércol alguna vez
y de allí extraer la flor,
la maravilla que hay también en los reflejos empañados.