Observador...

Miradas

En mis bienaventuranzas por este arduo oficio,

Contemplar la vida con minuciosa devoción y todos sus encantos;

Mas aún no me atrevo a vivir. ¿Será acaso que soy un condenado,

O que mi destino consiste en observar incluso aquello que aún no ha sido nombrado?

 

Recordé aquella mañana.

 

Descubrí tantas cosas ocultas en mi mirada.

Una mirada escrutadora para percibir la disparidad;

Una mirada caótica para entregarse a la fiereza;

Y una mirada artística para componer una oda.

 

Miradas y rostros, enlazados en un vínculo de armonioso encanto.

Decidí dirigirme hacia aquella mirada que mis sentidos habían cautivado,

Y en ella comprendí por qué podía sentirme tan afortunado;

Mas, al mismo tiempo, advertí por qué podía sentirme tan desafortunado.

 

Al declinar la tarde, me pregunté aquella noche:

¿Es la mirada la entrada del alma?

¿Puede existir tal cosa en una tierra donde la mentira es la virtud que más se exalta?

¿O me he vuelto escéptico al intentar hallar un alma en calma,

Y descubrir que mis semejantes contemplan únicamente desgracia y desesperanza?

 

Caminé un largo trecho por una mente errante.

 

Y recordé aquella agua inmóvil, de serenidad intacta.

Presencié una mirada que ni la poesía podría describir,

Ni el pintor más virtuoso podría retratar,

Ni mi imaginación más exaltada podría concebir.

 

En aquella mirada habitaba una tristeza antigua; una soledad que se desbordaba.

Su rostro ofrecía serenidad al mundo, mas sus ojos custodiaban una muerte silenciosa.

Su mirada, tan sincera como la cola de un perro;

Y su rostro, tan falaz como la naturaleza del ser humano.

 

Proseguí mi divagación sin hallar frontera alguna.

 

Intenté imaginar una mirada de amor,

Una mirada de esperanza, de paz y de salvación.

Mas la tristeza reclamó nuevamente los dominios de mi corazón,

Al comprender que aquellos ojos no existían siquiera en mi imaginación.

 

Abrí los ojos y contemplé.

 

La mirada absurda, colmada de añoranzas,

Y un cielo de yeso que evocaba

Percepciones de mi conciencia extraviada.

¿Quién soy,

Y hacia dónde se dirige este barco de miradas?