🎵 PROPIETARIO DEL INTENTO
Habla el tiempo despacio… yo le contesto peor,
con una copa a medias y un orgullo sin pudor.
A los sesenta y tantos sigo de traje y de guerra,
con la risa algo torcida, pero firme la mirada.
Dicen: “ya va de salida”, como si fuera una puerta,
pero yo cobro entrada cada vez que no hay nada.
El espejo es un juez con mala leche y memoria,
me acusa de los años como si fueran delito.
Yo le digo: “compañero, esto también es historia,
y lo escrito con excesos no se borra tan bonito”.
No estoy cayendo… estoy afinando el desastre,
con elegancia de alguien que aprendió a perder sin ruido.
Si el cuerpo ya negocia su lento golpe de lastre,
mi orgullo sigue firmando contratos con el olvido.
Porque yo sigo en la cima aunque la cima esté torcida,
coleccionando suspiros como quien roba medallas.
No me quiten la ironía, que es mi forma de vida,
ni el derecho a creerme ganador de las batallas.
Que si el tiempo me empuja, yo le invito otro trago,
y le digo: “no te emociones, que aún no has ganado aquí”.
Soy un viejo con encanto, con heridas y con pago…
pero todavía el amor me pregunta por mí.
He firmado más miradas que contratos el Estado,
y en cada adiós llevo un poco de mi mala costumbre.
No soy santo ni bandido, soy un tipo bien llevado
por el arte de perder sin perder la costumbre.
Hay nombres que me persiguen como deudas sin factura,
y otros que ni el whisky logra rescatar del olvido.
Pero todos fueron parte de esta dulce arquitectura
de un corazón que presume de haber sobrevivido.
No es caída, es perspectiva con un toque de sarcasmo,
es el arte de reírse cuando el cuerpo dice basta.
Si la vida me discute, yo le gano en entusiasmo…
porque el que se ríe último, normalmente no se gasta.
Porque yo sigo en la cima aunque la cima esté torcida,
con la risa de un ladrón que nunca pidió permiso.
No me quiten la ironía, que es mi última bebida,
ni este orgullo de sobrevivir a lo impreciso.
Que si el tiempo quiere guerra, que me espere en la esquina,
que aún me queda un par de besos sin pasar por revisión…
Soy un viejo con historia, con derrota que camina…
pero aún firma la vida con la letra del campeón.
Y si algún día me rindo…
que alguien me lo diga despacio,
porque no pienso enterarme.
Porque yo sigo en la cima aunque la cima esté torcida,
con la risa de un ladrón que nunca pidió permiso.
No me quiten la ironía, que es mi última bebida,
ni este orgullo de sobrevivir a lo impreciso.
Que si el tiempo me empuja, yo le invito otro trago,
y le digo: “no te emociones, que aún no has ganado aquí”.
Soy un viejo con historia, con derrota que camina…
pero aún firma la vida con la letra del campeón.
Propietario del intento…
inquilino del error.