Estás junto de mí y mi piel se eriza.
Mi cuerpo se pone tieso y mi rostro pálido.
Estoy sentado junto de ti:
volteo,
te veo...
y regreso rápidamente la mirada al frente,
y una sonrisa sale y se pinta en mi boca; es una sonrisa que no controlas.
Mis manos comienzan a sudar y suspiro profundamente.
Te levantas, das media vuelta y te vas caminando.
Volteas y me dices ven conmigo.
Me levanto y voy detrás de ti,
tomándote por la cintura y respirando profundamente junto a tu oído.