Monos aplaudidores,
reaccionarios sin criterio,
erigen aspavientos de incordura
en la fina tesitura de necedad vana.
Tecleando su ignorancia, anteceden
su servil prestancia a la idea de creer
en lo absoluto de su indeclinable idea.
En su pueril quimera, sintientes de
artes hechiceras, con la magia dócil
al mandamiento digital...
Van los monos aplaudidores
en sus fragores, fulgores insensatos,
de arrebatos mentales
en penumbras;
mansedumbres sin lumbres...
Podredumbres,
sin factibles razones,
mas son el herbolario de
sus carentes neuronas...
Metábasis en recurrentes
recursos, curso progresivo
de excesivas docilidades...
Imbecilidades que no se curan
con las edades,
puesta en marcha de sus
macabros dedos provocadores,
claudicadores de las razones...
Van sin prisa y sin pausa, en sus
cuartos de benjamines elucubraciones.
¡Los monos aplaudidores!
Hernán J. Moreyra