Existe quien pregona su inocencia,
se exhibe culpando al tiempo o al olvido;
más cada paso deja su sentido
y cada acción revela su presencia.
Disfraza de accidente la imprudencia,
como si el fruto brotara sin nido;
como si el campo, apenas recorrido,
negara la semilla y su presencia.
La cigüeña no cruza los balcones,
ni baja de las nubes con recados,
ni reparte en las cunas corazones.
Los hijos no son dones heredados,
ni sombras, ni vanas apariciones:
son fruto de los actos consumados.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026