Ese dolor en el pecho que me ha acompañado toda la vida.
Ese amor que tanto anhelé y entregué sin antes darme a mí misma.
Los complejos y las comparaciones que, al final, habían sido sembrados.
Ese valor y ese derecho a la vida que nadie tiene derecho a quitarte.
Esas ganas de vivir y de ser, que son mi verdadero yo.
Esa voz que no es tu hambre ni tus ideas; esa que te habla como si fueras tú, pero que te empuja a hacer cosas que no quieres.
Y esa que soy yo, aunque me lo quiten todo, sobrevivió.
Y desde los cimientos he construido cosas increíbles.