No necesito un amor de fuego vivo
que consuma la piel y queme el viento;
prefiero este rincón donde convivo
con la paz de tu abrazo; aquí me olvido
de la prisa del mundo y del lamento.
Un café por hablar, un libro abierto,
y la certeza de que todo fluye;
este amor es un faro, un bello puerto,
un camino tranquilo, limpio y cierto,
que el pasado caído reconstruye.