Por lo habitual, la cama era grande, pero ahora se siente vacía. Ahora que lo pienso, que se me entumiera el brazo en la madrugada y tener tus rizos en la cara no era tan malo.
Extraño la luz de mesa que usabas para que no salieran los monstruos, y ahora él tiene una cama enorme.
Ese último abrazo me dolió mucho, ese que decía que no te fueras y que me disculparas por lastimarte. Ese abrazo y ese beso de despedida no los merecía.
Tu café dulce lo odiaba, y ahora quisiera oler ese aroma a canela sobre tu taza naranja de conejo. Pasaba la mañana viéndote con tu ropa cómoda mientras cocinabas o bailabas. Cómo bailabas... Ese silbido tuyo, todo eso me está matando.
Tu marinado de carnes con extra orégano, que tanto odiaba, hoy me hace tanta falta que ya nada tiene sabor.