Soy el que bebe solo en la cantina,
el que aró la tierra con las manos rotas,
el que escribe versos entre botas
y el humo espeso de la madrugada fina.
Me hicieron de barro y de rutina,
de jornales míseros y derrotas,
pero hay en mí una lumbre que no agotas,
una voz que ruge y que no se amordaza ni se inclina.
He visto a los poderosos pisar al pobre,
he dormido en catres que huelen a olvido,
he amado mujeres que me dejaron sobre
el frío del asfalto, mal herido.
Pero sigo. Bruto, sucio, libre, pobre.
Sigo. Como el toro. Como el que ha vivido.