Me adentré en mi yo interior
y caminé por parajes que no conocía
Crucé puentes calafateados con nostalgias
y estuve a punto de perder el equilibrio...
pero algo me decía que ese no era mi mundo,
mi universo está soñando en el alfeizar de una ventana,
de un pueblo lejano... distante, lejos, muy lejos de aquí
Quise rendirme ante la adversidad de no encontrarte,
pero a pesar de los imponderables del camino,
te busqué en la serenidad de los arroyos cristalinos,
que escurrían a mi paso, lagrimas de las abuelas tristes,
que perdieron a sus nietos en la alborada de un sol de Agosto
La vida a veces es un corazón roto,
remendado con los retazos del adiós de los seres queridos
En mi angustia clamé a Dios pero mi voz se perdió en el vacío,
devolviendo el eco, el llanto eterno de las madres palestinas
Quise recordar mi vida pasada pero solo vino a mi memoria,
la ciudad que tanto amé, pero que a veces no recuerdo su nombre,
parodiando en un susurro voces de un lenguaje extraño
A menudo, sueño que vuelvo a esa ciudad de el eterno cielo azul
¡Oh mi Bósforo querido!
Tal vez en un amanecer de un Diciembre, volveré a mis veredas...
quiero encontrarte, como siempre, recostada a la ventana,
esperándome... reclinada en las albricias de un verano azul,
como en los cuentos de hadas... sonriente, todavía enamorada,
tejiendo el vestido blanco de tus sueños de adolescencia,
inspirada... con la sonrisa de las novias que se saben amadas,
pero que aún conservan el halo del candor de la inocencia.