Allí estaban,
el viejo sosteniendo
su lámpara,
la muerte sosteniendo su lámpara,
iban desnudos de metáforas
mineral a cielo abierto
amarilla la piel sin piel de los dedos del viejo
sosteniendo el humo de su lámpara.
Primero saltó la muerte
y se abrieron las cerraduras de la puerta
cantó una de las cabezas del perro
la balada del olvido.
Luego saltó el viejo
y el vacío ocupó por fin su lugar
al cruzar la carne con el plomo
en la última espiga lúcida del hombre.