Noches de insomnio y de dolor intenso, sufro mucho al demasiado pensar. No aguanto nada y mi cabeza explota, creo que es ansiedad.
El dolor de un suceso trágico causa un impacto en mi vida, genera en mí ansiedades, miedos y tempestades. No aguanto más; mi cabeza creo que va a explotar.
Noches sin dormir e insomnio en mi cuerpo; al pensar tiemblo mucho, temo por todo y no me controlo. Ataques de pánico generan alerta en mi cuerpo; no puedo moverme, quiero arrancar por todo el mundo corriendo como un loco sin medida. Creo que es ansiedad lo que está generando en mi cuerpo.
No sé cómo explicar lo que siento; solo el que lo vive lo sabe reflejar. Y es con temblor, miedo y ansiedad que reflejo mis sentimientos. Soy débil ante los demás y sobrepienso todo.
Cada vez más adelgazo; me destruyo yo mismo. Mi mente no me deja en paz: una guerra interna vive en mi organismo que lucha entre el bien y el mal. Solo quiero el descanso de mi mente. La salud mental se debe reflejar en mí; eso quiero sentir. Ya no aguanto más: tanto dolor de cabeza, tanta destrucción de mi pensar.
Este suceso destruyó mis barreras. Mi mente sobrepiensa cada vez más. No sé cómo explicar el terror de mis oídos al ruido de la locura de la mente insegura que piensa locuras e hipnotiza mi singular duda.
Tengo que controlarme, me dicen los demás: “El dolor es mental, ya no pienses más.” Pero ellos no entienden, porque no lo viven; no saben el dolor de la mente cuando sobrepienso de más. Es tan horrible, es tan tormentoso. De milagro no me he vuelto loco.
Al final reconozco que estoy mal y me atiendo de emergencia. Sufro de mi enfermedad, pero la acepto y la aprendo a sobrellevar. Me controlo, y mi fe puesta en Dios siempre va a estar. Yo confío en el Señor, en el Padre de la creación, y entregándome a él y con ayuda profesional pasaré este horrible suceso y me curaré de todo mal mental.
Dios es el creador de todo, el que a mi vida provee paz. En él confío siempre, porque al final siempre él está cuando me siento mal, cuando no sé por qué sendero andar; él siempre me lleva por buen camino; su luz ilumina la verdad. Amo mi fe, amo vivir en espiritualidad, en la confianza plena que hay un ser que por mi vida lo dio todo, y en una cruz llevó mis pecados. Por eso yo lo adoro, lo quiero y confío siempre en él, porque es el rayo de luz que ilumina mi oscuridad y que a mi vida siempre paz y amor proveerá. Con eso yo le defiendo en la lucha constante, en esta guerra espiritual.
Creer en ti para mí es vida; verte en la eucaristía y saber que diste la vida por mí. Cada día pensar en tu muerte y en la alegría que vives hoy y siempre. Por eso yo tengo presente que a un Dios vivo tengo a mi lado y esperanza en ti siempre tengo. Confío y creo en tus maravillas. Gracias por siempre estar ahí y ser la fuerza de mi vida: el Dios de mis padres y mis abuelos; el Dios de Abraham y de Isaac; el que es el presente, pasado y futuro. En él siempre confiaré.
LA VALENTÍA PARA AMAR ES RACIONAL AL PENSAR
Y ES LÓGICA A LA REALIDAD.
La valentía para amar es racional al pensar y es lógica a la realidad, pues entregarse enteramente a una persona corresponde ser el uno para el otro y ser su ayuda e idónea en la cotidianidad de la vida. Es el servirle al otro en momentos de alegría y de agonía; es responder con un “sí” al aceptar a la persona tal cual es: simplemente una valentía.
Es entender a tu pareja en sus necesidades; es corresponder al otro en toda adversidad; es ser capaz de respirar el mismo aire y comprender en todo momento. Es un acto de amor el saber escuchar, pero también entender el porqué de las situaciones. Es ser enteramente empírico con las realidades en las que se viven y saber tener seguridad de la persona con quien estás entregándote enteramente y a la cual vas a amar.
Es necesario saber sobrellevar el mañana y que siempre prospere en la visión de una construcción de un futuro próspero. Es inculcar metas y entregar propósitos; es saber construir una relación en la que se fundamente el pilar más importante: la familia, la cual se juramenta con los hijos y la presentación de un sí de verdad y de acercamiento para la entrega mutua en la construcción de los sueños de ambas causas.
Es lo duro de amar: saber caer y saber perder; saber que jugaron contigo y que tu corazón está roto en pedazos; que contigo han jugado y a tu ser han destrozado; que con tu intimidad te han arrasado y que ya eres reemplazado.
La valentía se vive al saber que apuestas todo por ella; entenderla y amarla con defectos y realidades, pero también con cualidades; entender que puede ser una gran persona, pero también saber que tiene heridas y que con estas te puede hacer daño. Por esto debes ser complaciente y entender para amar con valentía en la realidad del amor.
Es apostarlo todo por ella; creerlo todo y acercarlo todo por ella, pero también aceptar que pueda fallar y que pueda destruir tu alma. El miedo de fallar es mayor que el miedo a que te fallen. Lastimar y hacer daño causa en mí tristeza; por eso soy consciente de quien soy y de que debo construir amor en un ambiente de comprensión, porque también estoy herido y debo controlar las heridas del pasado para sanar en un futuro, en una realidad de amor donde mutuamente se escuchan y desean lo mejor: compañía, amistad, amor y entrega. Esto conforma el verdadero amor.
La valentía para entregarse mutuamente, y como dice la Biblia formar una sola carne, implica amar sin límites, pero teniendo siempre primero al dueño de todo, al creador del mundo, Dios. Con su bendición se perfeccionará todo el camino; y en fallas y agonía será el soporte de la unión que se encuentra en nuestro torrente y pilar del amor.
No crear dependencia ni debilidad: es amar de verdad. Es creer en la dualidad y la unión de dos realidades que se unen en un mundo cargado de emociones, pero que se ayudan en una estabilidad sin caer en lo emocional, teniendo en cuenta la valentía del saber amar.
La valentía se refugia en la relación, y la duración es importante en la presentación de vivir el presente. El amor siempre continuará al ser puro e inocente, pero también entregándose enteramente en la unión marital: saber amar en inocencia y en necesidad. Esto significa que la valentía del saber amar se refugia en la realidad de temer a un fallo amoroso, pero entender que somos dos seres humanos que nos amamos y comprendemos nuestras verdades. Sabemos llevarnos y, siguiendo la realidad del saber amar, complementando y sanando, pero también escuchando, ahí se construye la verdad: para amar hay que ser valientes y para los valientes se necesita entregarlo todo para demostrar que esto significa amar, para que cuando desistimos no caigamos en debilidad.
EL ABANDONO DE SÍ MISMO SE ARRAIGA A LA REALIDAD,
PERCIBIDA DE LOS SUCESOS QUE ACONTECEN EN LA TRAGEDIA DE LA VIDA.
El abandono de sí mismo se arraiga a la realidad percibida de los sucesos que acontecen en la tragedia de la vida.
Cuando vivimos ocasiones de dolor, nuestro cuerpo y corazón reflejan lo que siente en el abandono de sí mismo. Estar encerrado, abandonado en soledad, causa inmensa ansiedad y tristeza en el alma. Esto hace que nuestro cuerpo explote en emociones fuertes, que causan en nuestra sangre una rapidez inmensa y que nuestro corazón lata a gran velocidad. Es inexplicable este suceso; es tan horrible la sensación. Solo sé que significa lo mal que estoy y que la ansiedad y la depresión son inmensas a mi alrededor, al sufrimiento de mi corazón.
Estoy mal, me siento mal. ¿Cómo puedo combatir esto? Es la cuestión del momento. No sé qué hacer, pensaba al respecto, pero la realidad es que no podía salir de ahí: de ese hueco inmenso, de ese calabozo del terror donde, ovacionado, siempre me siento en un lugar lleno de inseguridades y dolor. Esa es mi experiencia de dolor.
Comer poco por el pensamiento, temer al teléfono por trágicas noticias, encerrarme en mi cuarto para no saber nada: son signos de alarma donde mi cuerpo aumenta su locura al pensar en tragedias. Solo pensar de más causa lentamente en mi cuerpo una inestabilidad, donde siento miedo por lo que pueda pasar, el dolor de saber qué sucede y el miedo de que algo suceda a mi alrededor, lleno de dolor.
Escribir solo poesía y transcribir mi dolor vivido: alarmas de dolor y de tragedias al contar mis debilidades, al sentirme mal, al saber que soy humano y que también sé pecar y errar. Al padecer esta enfermedad, ser discutido por llamar la atención o por querer más tiempo; pero debemos ser conscientes de qué es la ansiedad y lo que causa en tu cuerpo. Es más que dolor, es más que locura, es más que pensar: es simplemente sufrir y llorar, exaltarme a la locura y temblar de más al pensar, y temblar al destruirme yo mismo, al no querer comer más.
Tengo tanto odio, tengo tanto amor, tengo tanto abandono, que no sé qué pienso. Odio a todo aquel que conmigo se junta para ofender a los demás. No juzgo al prójimo; solo sé escuchar y callar, entender y amar. No provocar odio, solo amar a los demás. Cada uno proviene a un camino, sea el bien o sea el mal. Solo el que sabe amar y que cree en Dios de verdad no juzga; solo calla, ama y entiende; ora sin hacer sentir mal a nadie; solo entender el nivel al que ha llegado, sea por bueno o sea por malo. Eso es algo fundamental en mi vida: parte de no tener tantos amigos; solo quiere personas cumplidas y leales, fieles a su voluntad y creyentes en la verdad, escuchando al prójimo sin juzgar, simplemente amar.
Tal vez tienen razón: no debí ser tan tímido y vivir encerrado. Pero hoy en día, ¿en quién podemos confiar? Hoy todos son malos: juzgan a sus semejantes y le clavan el puñal. Son tus amigos, pero con el otro hablan mal de ti. Ya no se sabe en qué confiar. Temo caer en falsedad. Me alejo de todo aquel que me provoque vacío y resequedad, olvido y falsedad. Solo creo en el respeto y en la lealtad. Cuando me alejo, lo siento de verdad, pero ya no me aportas fidelidad. No me siento bien contigo; me alejo, aunque me duele, pero lo hago por un bien, para no lastimar y que no me lastimen.
Al reconocer mi timidez acepto que soy miedoso y que temo al ser juzgado, al ser odiado por mi fe y mi verdad, por lo que creo y espero. Por eso no hay que confiar: muchos se escabullen entre las sombras y te hacen ver perspectivas de la vida distintas a tu realidad. Pero ves reflejos de muchos donde el mal no trae nada bueno; simplemente dolor y sufrimiento. Eso hace que caiga en pensamientos reflexivos, en opiniones distintas, positivas en realidad, sintiendo que voy por buen camino, siguiendo mis principios, amando a Dios y abandonándome a mí mismo y sufriendo en el proceso, pero sabiendo que voy por el camino recto: entregándome al ayudar, al entender a los demás y amar siempre al Dios tan bueno que se acuerda de mí y que cada vez me acerca por los senderos de paz en mi cotidianidad, en los días normales, donde él siempre busca el mejorar, el siempre ser mejor persona, y corresponder a los buenos actos al entender al prójimo que me disgusta por su maldad, pero que escucho para ayudar.
Cuando me sentía mal, cuando me sentía solo, cuando el abandono me consumía por completo, pensamientos malos sonaban en mi mente; pero ahí Dios siempre estuvo presente, ayudándome y guiándome por buenos caminos. Entiendo que el proceso es duro, empinado: es una montaña a la cual es difícil subir, pero a paso lento se llega a la cima, a la meta deseada. Así veo mi fe y la verdad de mi vida. Al creer en ti, Señor, Rey del universo, fuiste el que estuvo en mis malos momentos. Por eso Jesús de Nazareth me entregó a ti, porque eres el maestro, el que busca a la oveja del rebaño perdido y la llevas a la granja de tu amor, de tu sincero amor, y la cuidas de todo lobo que quiera sobrepasarse, destruir y acabar la humildad de la oveja. Dios mío, estoy enteramente agradecido por siempre acompañarme; estando ahí me provocas alegría a esta alma adolorida que hoy siente paz por ti.
Sentimiento.
Las siguientes líricas siguen una secuencia de palabras importantes para la vida del ser humano: abandono, ansiedad y valentía. Esto significa que estos tres poemas representan el momento más débil del poeta, donde muestra en realidad sus falencias, su dolor, sus problemas y sus dependencias, al vivir un momento que lo hizo sentir mal. Este tipo de situaciones a veces destruyen a la persona y la hacen cuestionar muchas cosas. El mayor consejo que siempre doy es estar de la mano de Dios; él puede ser la fuerza de voluntad para seguir cada día y ser valiente al dejar los miedos atrás.
NO AGUANTO NADA Y MI CABEZA EXPLOTA,
CREO QUE ES ANSIEDAD.
LA VALENTÍA PARA AMAR ES RACIONAL AL PENSAR
Y ES LÓGICA A LA REALIDAD.
EL ABANDONO DE SÍ MISMO SE ARRAIGA A LA REALIDAD,
PERCIBIDA DE LOS SUCESOS QUE ACONTECEN EN LA TRAGEDIA DE LA VIDA.