Enmascaradodelapoesia

Me enamoré de ser poeta

Solo aprendí escribiendo a decir lo que las palabras no podían transmitir, lo que de niño expresaba y era simple. Me enamoré del papel y de la tinta. Enamorado, transformé la pasión y la vulnerabilidad en mi principal motor creativo, sin el más mínimo pudor.

El amor actúa como una fuerza que agudiza la sensibilidad, obligando a descodificar el torbellino de emociones que atraviesan mi ser, a buscar en la palabra escrita la única forma de inmortalizar la intensidad de lo que siento.

Es un fenómeno que nace desde la absoluta nada, sin el mínimo entendimiento. El enamoramiento altera cualquier estado emocional. Hasta Cupido quedaría huérfano de amor. Cualquier emoción impulsa a escribir para canalizar los arrebatos de sentimientos que se cruzan en el aire y que resultan abrumadores para el cuerpo, la mente y el espíritu. La escritura funciona como vía de escape y refugio para no divagar en la locura.

Poseer una mirada particular que tiende a detenerse en los detalles, en los gestos sutiles y en la belleza cotidiana. El amor eleva esa capacidad, convirtiendo a la persona amada en musa inagotable, sin fronteras. Morir en la escritura, observando cada cosa con los ojos del alma.

Es una búsqueda trascendental. Crear a partir del amor, la tristeza, la melancolía, las locuras, la pasión... un sentimiento efímero que es la única experiencia que desafía el sentido del tiempo y la existencia. Escribir es la forma de eternizar ese vínculo y dotarlo de un significado profundo.

El enamoramiento desarma las defensas de cualquier artista. Al exponer su mundo interior, sus textos se vuelven más crudos, honestos y auténticos, buscando comprender la psicología del arte y analizar el amor en alguna corriente literaria donde no esté escrito.