William26🫶

La Horma De Mi Zapato

LA HORMA DE MI ZAPATO

 

 

 

Dicen que todos los gallos cantan

hasta que aparece otro más bravo...

 

Yo me creía el dueño del corral.

 

Y entonces apareció ella...

 

Yo era el rey de las barras,

el fantasma de los moteles,

el que cambiaba de nombre

según soplaran los laureles.

 

Tenía un catálogo entero

de besos de usar y tirar,

más cuentos que un vendedor

y más mañas que el azar.

 

Juraba que el amor era un truco de salón,

una moneda gastada,

un incendio de bolsillo.

 

Y mírame ahora, compadre,

qué bonito resultó:

el cazador de la noche

en su propia trampa cayó.

 

Y mientras yo me creía invencible en el juego,

la suerte afilaba cartas

para cambiarme el tablero.

 

Porque la vida es cabrona,

cuando te quiere enseñar,

te manda justo a la reina

que no puedes conquistar.

 

Yo que rompía promesas

como botellas de bar,

me topé con la horma exacta

de este maldito zapato.

 

Yo que salía sonriendo

después de cada pecado,

ahora cuento las horas

como un perro abandonado.

 

Tenía frases de sobra,

trucos para enamorar,

una sonrisa indecente

y un doctorado en escapar.

 

Pero ella no se impresionó

con mi teatro de ocasión,

ni con mis cuentos de héroe

ni con mi falsa reputación.

 

Me dejó hablando solo

con el humo y la pared,

como un boxeador vencido

sin saber cómo perder.

 

Y mientras yo hacía planes

para volverla a llamar,

ella andaba por el mundo

sin acordarse de mi cara.

 

Fue la primera derrota

que no pude maquillar,

la primera cicatriz

que no logré negociar.

 

Porque la vida es cabrona,

cuando te quiere enseñar,

te manda justo a la reina

que no puedes conquistar.

 

Yo que rompía promesas

como botellas de bar,

me topé con la horma exacta

de este maldito zapato.

 

Yo que salía sonriendo

después de cada pecado,

ahora cuento las horas

como un perro abandonado.

 

Dicen que el tiempo acomoda

lo que no puede arreglar,

pero todavía me río

cuando me pongo a pensar:

 

Que de todas las mujeres

que pude encontrar por ahí,

tuvo que ser justamente

la que no cayó por mí.

 

Porque la vida es cabrona,

y sabe dónde golpear,

cuando te crees invencible

te enseña a tropezar.

 

Yo que vendía derrotas,

yo que cobraba contado,

terminé pagando el precio

de haberme creído sagrado.

 

Y aquí me tienen cantando,

qué ironía del destino:

la horma de mi zapato

me dejó andando descalzo

en el camino.

 

Ella siguió su camino,

yo me quedé en este bar,

aprendiendo que las reinas

no se dejan coronar.

 

 

Sígueme :https://youtube.com/@wcelogan?si=1enscE82UlpSZ2uH