El Cronista sin puerto

Patrias imaginarias.

De todas las patrias que inventé para sobrevivir,
ninguna logró salvarme del invierno de 2024.
Eran ciudades levantadas con el polvo del recuerdo,
fronteras dibujadas por un corazón sin mapa.

Descubrí entonces
que el extranjero no abandona una tierra:
abandona la voz que alguna vez
pronunció su nombre con certeza.

Caminé entre calles que juraban conocerme,
pero las ventanas cerraban sus párpados
y el viento traducía mis pasos
a un idioma que jamás aprendí.

Inventé hogares de humo,
repúblicas de abrazos tardíos,
banderas tejidas con la tela frágil
de todo aquello que no ocurrió.

Porque la imaginación también funda países,
y los solitarios son sus últimos ciudadanos.

Hoy sé que la nostalgia
no es volver la mirada hacia un lugar perdido;
es vivir buscando una puerta
que solo existe cuando cerramos los ojos.

Y sigo andando,
con el invierno doblado en los bolsillos,
como quien cruza el mundo entero
esperando encontrar, en alguna esquina,
la patria imposible
donde los extranjeros dejan de serlo.