Tomás Jácome

La que extraño y la que me rompió

¿Por qué te extraño?

 

Es una pregunta que me persigue cada vez que te veo pasar entre los pasillos del colegio, como una sombra que nunca termina de quedarse atrás.

 

Tal vez sea tu belleza.

Lo admito.

Para mis ojos sigues siendo hermosa.

 

O tal vez no seas tú solamente,

sino la versión de nosotros que guardé en mi memoria.

 

Porque el tiempo tiene la extraña costumbre

de conservar las sonrisas

y desgastar las heridas.

 

Y entonces recuerdo.

 

Recuerdo cómo era rodear tu cintura con mis brazos,

cómo tus ojos verdes parecían guardar un universo entero,

cómo tu piel, tan clara y suave, parecía hecha para la luz,

y sobre todo,

recuerdo cómo me hacías sentir.

 

Y es ahí donde comienza el problema.

 

Porque no sé si te extraño a ti,

o a la felicidad que encontré cuando estaba contigo.

 

No sé si mi corazón añora una persona

o una época de su propia vida.

 

Pero también recuerdo aquello

que la nostalgia intenta esconder.

 

Recuerdo que mientras yo perseguía mis sueños,

mientras luchaba por construir algo para mi futuro,

tú elegiste alejarte de nosotros.

 

Y esa verdad pesa.

 

Porque si la historia terminara únicamente

en los abrazos,

en las risas,

en las tardes felices,

habría regresado mil y una veces.

 

Mil y una veces.

 

Sin pensarlo.

 

Sin miedo.

 

Sin dudas.

 

Pero la historia no terminó ahí.

 

Existe una herida que mis recuerdos intentan cubrir,

una verdad que mi corazón se resiste a olvidar

porque sabe cuánto dolió.

 

Y entonces me encuentro atrapado

entre dos versiones de ti:

 

La que extraño,

y la que me rompió.

 

La que vive en mis recuerdos más felices,

y la que me enseñó por qué tuve que marcharme.

 

Es una batalla agotadora:

entre lo que siento

y lo que sé.

 

Entre la nostalgia

y la realidad.

 

Por eso hoy levanto esta duda al cielo.

 

Dios,

si este sentimiento no tiene destino,

arráncalo de mi pecho.

 

Llévate esta nostalgia que se aferra a mí

como las ramas secas a un árbol en invierno.

 

Pero si aún existe un camino,

si aún hay una razón que no alcanzo a comprender,

si volver vale la pena,

muéstrame una señal.

 

Porque estoy cansado de caminar entre recuerdos

sin saber si son un puente

o una trampa.

 

Porque a veces la memoria me muestra sus ojos,

su sonrisa,

su belleza.

 

Pero la realidad me recuerda

por qué me fui.

 

Y mientras llega la respuesta,

intentaré confiar.

 

Porque tú sabes lo que yo ignoro.

Tú ves el final de la historia

cuando yo apenas entiendo una página.

 

Que no sea mi voluntad,

ni la de mi nostalgia,

sino la tuya.

 

Y que, cuando todo esto termine,

tenga la fuerza para aceptar aquello

que sea correcto para mí.