Cuando la marea aprende mi nombre.
No fue tu mano.
Fue la marea.
Esa que llega sin permiso
y empieza a subir
cuando el mundo calla.
Algo en mí cedió
como cede la noche
cuando florece sin luna.
Como las flores nocturnas:
sin ruido,
sin testigos,
obedeciendo
a una ley más antigua que la luz.
Mi piel no pidió nada,
pero la savia encontró el camino.
Y el fuego —
ese que duerme bajo la tierra—
empezó a latir.
No hubo palabras.
Solo un pulso insistente,
una grieta tibia en la noche,
una rosa
recordando la forma de la lluvia.
Y yo,
que juré ser calma,
me descubrí orilla.
Me descubrí umbral.
Me descubrí conteniendo
lo que ya sabía arder.
No digas que fue deseo.
Di que fue naturaleza.
Porque cuando la marea sube
y el volcán despierta,
nadie pregunta por qué.
El aire se quiebra apenas,
y algo —
que no sabe hablar—
dice su nombre.
y el mundo queda afuera.
La 💙 Gitana
© 09/06/2026