En esas mañanas con sol luminoso
que escucho los trinos del dulce canario;
mirando su cuerpo, perfecto y precioso,
semeja de amores un bello santuario.
Si veo del río sus aguas serenas
que llevan la esencia que vida procura;
igual que volcanes palpitan mis venas
pensando en su boca que brinda dulzura.
Mirando del cielo sus claros fulgores,
me viene a la mente su faz luminosa;
que porta con brillo los sueños de amores
que alumbran el alma con lumbre gloriosa.
Con notas que tienen un cálido arpegio
Natura me ofrece susurros del viento;
mas ella me brinda febril sortilegio
con voz que posee de un ángel su acento.
Mi mente de bardo, su imagen inspira,
igual que la inspira la blanca genciana;
y siempre mi numen con ella delira
pensando en sus formas de diosa pagana.
Vestido de gala contemplo el paisaje,
que luce opulento su encanto ancestral;
mas ella posee divino brebaje
que atrapa mi vida de forma total.
Disfruto de invierno su mágica brisa
que tiene la gracia de hacerme soñar;
mas ella me ofrece su tierna sonrisa
con ese destello de un ser estelar.
De frágil gacela admiro su estampa,
adoro el aroma del rojo jazmín;
mas es su silueta la plácida trampa
en donde se vive la dicha sin fin.
Es ella la suma de todos los dones
que portan los seres de gran brillantez;
llevando en su sangre febriles pasiones
que mana su cuerpo con grande fluidez.
Por eso mi pluma ferviente le canta
los versos que llevan de amor el clavel;
y pintan mis letras su imagen que encanta
igual que compases de un regio rondel.
Autor: Aníbal Rodríguez.