Lo dejaron
buscando su destino.
El reloj se detuvo para él
a las cinco y suerte.
Eso ocurrió ese día
cerca de la fila de cines,
donde los tristes iban a calentarse.
Lo dejaron a su suerte
en la estación de siempre,
ante el rumor perenne
e implacable
de la tarde.
L.G.