Si ante un objeto solo, amedrentado,
huye el discurso y ciego se desvía,
y el flaco ingenio, en tímida porfía,
da las espaldas, de pavor helado;
¿Cómo al alcázar cósmico, asombrado,
volará el pensamiento, si hoy porfía
contra el peso del orbe, que a la guía
del propio Atlante deja quebrantado?
Ríndase Alcides a la ciega lumbre
de mi castigo y mi necio desvelo,
de mi ambiciosa y peligrosa cumbre;
pues no hay humana y audaz pesadumbre
que venza el orden del sagrado cielo,
ni que detenga mi perdido vuelo.