Carlos Andrey Vargas Araya

También tú

Caminaba un maestro silencioso por senderos de sombra y desconsuelo; sobre su nombre cayó el juicio odioso de quienes confundieron tierra y cielo.

Entonces levantó sus ojos puros hacia Cristo, Señor de la agonía: También tú conociste los muros de la injusta condena y la porfía.

Por eso pongo en tus manos mi destino; si me niegan los hombres su verdad, sé tú la luz que alumbre mi camino y el refugio de mi fidelidad.

Y cuando calle el odio de la tierra, y se desvanezca la acusación, tu justicia, que nunca yerra, hará florecer la verdad y el perdón.