Cuando te extraño, mi alma se vuela contigo.
Sin escrúpulos, se escapa, deja su morada;
Antes de alejarse para atender su urgente cita,
contempla su empaque, que vacío reposa en cama,
con expresión tranquila y la dicha de la primavera.
En el unísono, la nada y el todo.
El silencio es protagonista y cómplice,
se adorna con luz tibia y nubes blancas.
Todo está inmóvil. Impera la calma.
La vastedad del lugar es asombrosa,
a lo lejos tú, bella de los pies al alma,
llegas a la escena y llenas los rincones.
Mi forma etérea, inquieta de lejanía,
Sin dudarlo, se apropia de un palco,
para contemplarte de manera magistral.
Al admirarse, reconocen su esencia,
se abrazan y se eclipsan en un beso.
Acercarse de esta forma, rompe los esquemas,
pero aún en la eternidad, el tiempo es un recurso,
y cual token usado, la sesión expira sin remedio.
Y entonces, solo entonces, se levanta,
compungida, sin consuelo, ni reclamos,
con la mirada hacia a ti, se aleja lentamente
y regresa a su hogar, a la fría mañana que habito.