yovanni paz

Con la luna de testigo

La luna apenas asomaba el segundo de sus menguantes

y ya tu asomabas tu cara a mi vera. 

Mi cara y la tuya coincidieron un instante,

ipso facto supe que te daría mi vida entera.

 

Cuando la luna menguó por tercera vez

ya tus ojos me habían hechizado.

Qué difícil resultó escapar del amor esta vez.

Nuestras vidas no fueron igual después de lo amado.

 

Con su cuarto menguante la luna advirtió

que lo tuyo y lo mío parecía prohibido.

Una pasión perenne nuestro ser doblegó,

inundando rincones con placer y gemidos.

 

Nuestra luna nunca se llenará de miel

porque no vimos los accesos denegados,

mucho menos los espacios restringidos,

aunque al vernos siempre ardía nuestra piel.