La sangre negra de tus venas.
La esencia tuya que me amparó,
ignoró por completo mis penas
y un día solo se acabó.
Mis dactilares añoran tu horma,
tu peso y gravedad en sombras,
tu brea santa que a mis sueños dio forma,
que tornó lágrimas en musgo, la risa en alondras.
Seis lienzos me arrebataste.
¿Qué hago ahora con ellos?
Les daré muerte hasta que harte
el recuerdo de tu ónice, ojos bellos.
Dedicarme a asesinar tu recuerdo hasta que hierva.
Hasta que la añoranza de las caricias que dimos,
de los espacios que llenamos y lo que aprendimos,
hasta que el anhelo de tenerte en mis manos se pierda.
Hoy mis dedos trazan otros caminos,
quietos, sumergidos en este aire esquimal,
encontraremos juntos nuevos destinos,
en esta nieve blanca que no conoce mal.