Añoro aquellos lejanos días en donde estiamaba tus esfuerzos en un intento de hacerme amarte, a ti abrazarme, a ti besarte y a ti confesarte.
Extraño aquellos días de cielos despejados donde uno creería que tu única intención fuera el cariño.
Antaño, cuando todavía pensaba que hacías un hueco en el seno de mi alma para que cabiera todo mi amor.
Hogaño, sintiera que el espacio que dejaste para que te amara solo fuera para aguardarte rencor.
Porque muy en fondo ambos lo sabemos: que si bien en odiarte no cabrá hueco en mi corazón para amarte,
Es en el hueco del pasaje que fue soñarte donde más me cabe ahora odiarte.