No quiero tirar esta tarde por la borda, no quiero dejar que el sol se escurra tras la ladera sin percibir su luz cobriza, no quiero andar lejos de casa en esta hora en que mi corazón siente armonía por el limón y el pino. Quiero pertenecer aquí, a este momento, quiero dejar desfilar todas mis emociones por la vereda y los llanos, contemplar la hormiga arriera y la nube errante. No deseo ser el dueño del mundo, he dejado el trono a disposición de cualquier ser. Mi entusiasmo es por el fuego que ilumina la noche y por la estrella que permanece de vigía sobre el asbesto de una casa vieja y escondida. Respiro profundo mientras la noche cae, los montes se unen a ella, los sonidos nocturnos se arremolinan en mi patio de tierra. El cielo está limpio y los astros brillan, algunos a millones de años luz de casa. Aquí existo, aquí mi alma se funde con todo lo que poseo y me posee. Soy un hombre que ama y es amado, por la existencia, por supuesto.