Ojitos negros tenías y esa piel morenita.
El calor de tu regazo,de tus manos calentitas, tú voz dulce y profunda,tus manos siempre ocupadas.
Yo era tú princesa.
Con dos papas y una olla inventabas la comida y los aromas llenaban la cocina de fiesta.
Mamá era intensa.
Mamá era profunda.
Mamá era mamá.
Lo llenabas todo!
Hasta los silencios los llenabas con tú voz cantando todo el día.
Bastaba decir una palabra para que inventaras una canción.
Sonaban tangos,pasodobles,operetas.
Y cantabas.
Y la magia se tejía por la casa.
También rezongabas.Te enojabas.
Pero eras amor.
Y la magia eras tú, Elvira Nelly.
Qué extraño es decirlo:ya no recuerdo tú risa.
Tampoco escucho tú voz.
Tú perfume se fue hace años.Y, a veces, hasta tú rostro se vuelve borroso en mi memoria.
Quise retenerte.Quise guardarte entera, cómo quién intenta atrapar la luz entre las manos.
Pero no pude.
Todavía veo el brillo de tú pelo negro,negro como el ala de un cuervo.
Todavía recuerdo la suavidad de tus caricias.
Y cómo me gustaría, aunque fuera por un instante,volver a apoyar la cabeza en tú regazo noble ,sentir tú mano sobre mi cara y escucharte decir:
—Princesa.
Nadie volvió a nombrarme así.
No sabía que mi mundo estaba completo cuándo estabas tú.
No sabía que todo era perfecto.
No sabía que nada necesitaba,
porque todo lo llenabas tú.
Lo entendí cuándo te fuiste.
Eras como una luz encendida.
Como una vela que siempre me mostraba el camino de regreso a casa.
Porque tú eras casa.Tú eras hogar.Tú eras cobijo.
Y cuando te fuiste,
el techo se abrió
y me quedé a la intemperie