Cuando todo está hecho
todo está dicho
qué más queda por esperar.
Un espacio de solemne
donde uno no puede mencionar
la palabra guerra,
porque no será justo nunca
hablar de los muertos.
Y sé
que es esto
un intento desesperado
por romper la brecha de tu silencio
y del mío
pues no soy lo suficientemente fuerte
para guardar mis palabras,
y no decirte:
mirá aquí están mis manos,
y aunque sé que no están limpias
con vergüenza te digo
que saben aún reconocer el calor.