Leoness

Amaneció una maldita mañana

Amaneció gris esta mañana, mujer,

y el frío me entró por los pies.

Esta vez me pilló por sorpresa...

sí, el dolor me agarró al revés.

 

Miraba el cielo de frente,

creyendo que era inmune a la tempestad,

pero la vida te juega sucio, mi amor,

y hoy me ahoga esta cruda realidad.

 

Fue una mala jugada del cuerpo,

un rayo que nadie vio venir,

ese maldito cuerpo te ha dejado fuera de mí,

y yo... yo ya no te puedo redimir.

 

Estiro las manos en la niebla,

busco tus dedos, busco tu calor,

pero no hay cuerda lo bastante larga

para rescatarte de este pozo, mi amor.

 

A veces... oh, a veces hay un destello,

una chispa de lo que solía ser.

Pareces revivir por un segundo,

me miras y me logras conocer.

 

Mi nombre en tus labios se siente como el sol...

pero es una trampa del viento,

porque al volver la maldita esquina,

te me pierdes otra vez en el tiempo.

 

Tu cerebro ya no me cree, mujer,

tus cables se han vuelto a cruzar,

ya no puedes pensar con claridad,

no me conoces... y me toca llorar.

 

Miro tus ojos fijos en la nada,

buscando el puente que se rompió,

y soy un extraño en tu casa,

un fantasma que el viento olvidó.

 

Y maldigo... ¡maldigo a todo mi alrededor!

maldigo a la sombra y maldigo a la luz,

¿Por qué la vida se ensaña contigo?

¿Por qué te ha tocado cargar esta cruz?

 

De tanta gente mala que pisa esta tierra,

de tanto veneno que hay bajo el sol...

¿Por qué te tuvo que pasar a ti?

¿Por qué a ti... mi dulce amor?

 

Tu cerebro ya no me cree...

y yo no sé cómo sobrevivir,

...fuera de mí.