No sé decir qué es, pero conozco
su modo de llegar cuando anochece:
como un dios de piedra que al rencor se aferra
y no suelta la presa ni aunque rece.
Le he visto la cocina de la espera,
el fuego manso con que el sueño tuerce,
y he aprendido a callar mientras me crece
dentro del pecho una marea negra.
No truena, no se gasta, no perdona.
Es el pan del rencor que uno se traga
y el espejo devuelve lo que queda.
Y lo peor —lo sé— no es lo que quita,
sino que uno, al final, se necesita.
Antonio Portillo Spinola ©️