Leonardo León

La felicidad del muerto

No existe ya un jardín puro como el Edén, 

que pisado por el humano siga siendo sagrado,

no queda paraíso que no haya sido saqueado,

ni rincon que no esté contaminado por la sociedad,

todo está ensuciado, envenenado y será explotado,

por tanto, para el espíritu elevado, auto exiliado,

ya ni siquiera es posible huir cuál ermitaño,

ni al bosque, ni a las montañas, ni al más remoto lugar,

sin terminar finalmente arrastrado de nuevo a la sociedad.

Pues el sabe, que para enfrentar grandes males,

debe evitar pequeñas distracciones,

¿Sabes porque las personas son grandes distractores?

porque de animales a dioses, 

los humanos olvidaron que están a un paso de ser Dioses,

pero es más fácil vivir entre placeres y dolores,

carne y emociones, materia y pasiones,

posesiones, rencores labores,

y luego la muerte, 

¿Y que es la muerte para quienes mente y espíritu?

no es acaso el único paisaje no profanado?

si el cuerpo es la cárcel del alma,

es esta la única salida que la sociedad no puede sellar?

Queda entonces solo el exilio interior,

una celda de silencio en medio del ruido,

una isla de atención en el océano del olvido.

Cultivar el jardín que no necesita tierra,

beber de la fuente que no mana en ninguna sierra.

¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!