Lunes otra vez
Me levanto como cada día.
Cada día me levanto igual, qué difícil es.
No sé en qué número de alarma me levanté, suenan tantas, por supuesto que las ignoro a todas. Casi.
Estoy cansada pero no es por dormir poco. En parte sí.
Logro pasear un poco a mis perras antes de irme, ellas no tienen la culpa de nada. Yo tampoco. O quizás sí.
El subterráneo lleno de caras que ya no me miran ¿habrán sentido esto alguna vez?
Llego a la oficina y trabajo más de lo que debería, al menos durante 8 horas estoy tan ocupada que no estoy en agonía.
Pasa factura ocuparse de ese modo, es como si el cansancio se multiplicara sólo por eso.
Otra vez las caras, algunas sí me miran, seguro que también están cansadas, pero sus cansancios son distintos. Yo tengo de ese y más.
Voy a la clase de la carrera que dejé y retomé tantas veces, tantos años, ya no me siento nueva, pero eso le da cierto placer.
En el examen escribo de un tirón, me va muy bien si leí todo, y si no leí también ¿Cuándo voy a leer? Si acaso llegara a tener tiempo, estoy cansada o me duele la vista.
Y llego a casa y comer me da pena, que si eso es bueno, que si eso es malo, que cuándo voy a hacer ejercicio y ¿si hoy no como?
Cronotipo nocturno que me juega en contra, reloj biológico opuesto al necesario para sobrevivir más llevaderamente la vida en ésta sociedad moderna que nos obliga a tener rutinas antinaturales.
¿Alguna vez sentiste eso? ¿Cómo se puede vivir así tanto tiempo?
Todo va...tan rápido