Trasciende desde el aislamiento a la resignación,
desde el silencio a la exclamación de un suspiro profundo...
que se dilata en la aceptación de mi tristeza habitual.
La nostalgia se envuelve en los sentidos…
y se apodera de la razón,
y a pesar de haberme comprometido con el olvido…
para no pensarte más…
es inevitable que pueda escapar de tu adicción,
de esa necesidad que tengo de ti,
porque te has convertido en el motivo…
para prolongar la agonía de verte regresar.
No estuve preparado aun para dejarte ir,
nunca estuvo en mi libreto…
deshacerme de mi fuente de inspiración,
tú me das ese extraño pretexto para continuar,
la musa de mis desesperados versos…
que encuentran su lógica de ser,
irónicamente…en tu indiferencia fatal.
A pesar de tu embustera ausencia,
muy a pesar de tu intangible manera de persuadir,
debo aceptar que sigues siendo mi debilidad,
y debo confesar lo indispensable que resulta…
seguir pendiente de tu regreso,
aunque evidentemente… jamás lo harás.
Me conformaría con saber algo de ti,
pero no me atrevo a indagar en tu realidad actual,
porque no soportaría estar fuera de tu acontecer,
o lo que es peor…
atestiguar que nunca fui lo que creí ser.
Hay una melodía de lamento…
que un viejo instrumento interpreta hoy,
se escucha apacible y cándido,
como si estuviera deambulando en el inconsciente,
como si cortejara a la melancolía que me ocupa…
cual incierta premonición.
Me malgasto otra noche divagando en lo improbable,
me consumo otra dosis de tristeza…
y sumo a mi repertorio un poema más…
que delira de ansiedad,
y otra vez la impotencia me gane la batalla…
y caigo rendido en el cansancio…
suplicando se llegue a concretar nuestro definitivo final.