Mi voz se asustó
sin avisar se marchó.
Enojada y triste
como estaba
no hacía más que suspirar.
La busqué
en las noches estrelladas
en las montañas silenciosas
y en las aguas atormentadas.
Murmullo tras murmullo
al fin la hallé.
Disfrazada de laurel
me recibió.
En silencio la arrullé
y como flor en capullo
en mi corazón se quedó.