Es tu mirada el faro fiel
que me rescata de la bruma,
deshace el miedo como espuma
y endulza el alma como miel.
Si el callejón se vuelve obscuro
y el horizonte se ha perdido,
tu resplandor es bienvenido,
derrumba el más gigante muro.
No temo ya a la noche fría
ni al viento que por fuera brama,
porque tu luz prende la llama
que me promete un nuevo día.