Llevo en mi oreja la lluvia rayada
el viento como espinas en la cara.
Una trompeta me cuchichea de la palabra, de mi fe entregada.
No sé qué me mueve; si los vestidos
del aire o el vibrato de quien mueve el tiempo, ¡ah sí!, y esta lluvia, y este rumor.
Tus siete ojos me vigilan, ¿pero qué tanto?
¡Oh! calor del fuego y luz del trono
entiendo el límite de la hormiga
y que solo tú tienes la medida del orbe.
El creyente da gracias por tu palabra...
Cristian Jovani
(Derechos reservados del autor).