No pienso en que este encuentro sea el postrero,
quisiera que fuera mi último afán antes del viaje,
el deseo de verte aún anida en mi pecho entero,
y de ti, sé tan solo por alguien que me da un mensaje.
No sé si estás bien, más al ver tu rostro, en mi mente,
me denuncia tu tristeza, como un velo callado;
tus ojos, antaño un faro resplandeciente,
hoy yacen como un astro que ya se ha apagado.
Hallé ayer las fotos que muchas veces te hice,
en viajes y paseos, e irradiabas una luz tan distinta;
tu faz era otra, feliz, sin ninguna sombra que divise,
y tu mirada, un río de fuego, de montaña extinta.
Tu sonrisa era como el enigma de Mona Lisa,
hoy, parece una mueca fugaz, sombra de un gesto,
antes era poema que al aire le daba brisa,
ahora, es solo un eco en mi pecho expuesto.
Te tendré que mirar, algún día, en una hora,
en algún remolino del tiempo y en alguna calle,
han pasado veinte años, y aún me devora,
el primer beso, como el primer rayo que estalle.
Perdona si el mía alma te sigue en su ruego,
si el amor se me ha vuelto perpetuo desvelo,
te amaré hasta el fin, aunque el tiempo sea ciego,
aunque mi ser, ya cansado, se disuelva en el cielo.
Tu imagen es un mármol que el viento no roe,
es como un sello de luz en mi carne ya herida,
no hay adiós que desprenda lo que el alma cree,
cuando mi último deseo sea la única salida.